ERÍK BULLOT: EL OJO ESTÁ EN LA PUNTA DE LOS DEDOS
27 AGO 2019



“Hace poco tomé una lancha en el Sena, una tarde de invierno, en el crepúsculo. El Sena desplegaba su larga lengua negra contra los muelles. En la proa del barco, los turistas con los brazos levantados, provistos de cámaras fotográficas digitales, de cámaras de video, de teléfonos portátiles, formaban una suerte de pulpo sensible. Miradas de imágenes furtivas revoloteaban en las pantallas como falenas líquidas, azuladas en el aire de la tarde. Cuatro jóvenes coreanas usaban sus teléfonos como si fueran espejos, reenviándose mutuamente sus reflejos, coquetas y traviesas. Se trata menos de miradas que encuadran (nadie parece verdaderamente interesado en la imagen producida) que de dedos que palpan, auscultan, prueban la geometría de los diferentes puntos de vista al lanzar las imágenes como pelotas de ping-pong. El ojo está en la punta de los dedos. La imagen es un relevo táctil, susceptible de ser actualizado (...) el ojo perdió su preeminencia. Es la pulpa de los dedos, al experimentar las salientes, la que asegura ver, por contacto con una escritura braille generalizada. (...) Las predicciones se han cumplido, pensé, mirando ese vuelo de luciérnagas. El cine siempre fue tentado por esta interferencia de la vista y el tacto, pero mantuvo durante largo tiempo la preeminencia del ojo. Observaba, fascinado, el espectáculo de esos brazos de ciegos que rozaban a tientas la nube luminosa de las imágenes. ¿Dónde está el alma? El ciego, escribe Diderot, ubicaría el alma en la punta de los dedos."


Reflection on Black. Stan Brakhage (1953)

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